Después de comprender qué está presente en el medio físico, dónde se encuentra la contaminación y cómo puede desplazarse, comienza una de las etapas más decisivas de la gestión de áreas contaminadas: definir cómo intervenir.

Cada proyecto presenta una combinación propia de contaminantes, condiciones geológicas e hidrogeológicas, restricciones operativas, uso actual y futuro del área, metas de tratamiento y plazos. Por eso, una remediación eficiente debe diseñarse para el sitio, y no simplemente replicarse a partir de otro caso.
El Plan de Intervención consolida los datos disponibles y establece la estrategia técnica para reducir, controlar, remover o tratar la contaminación. El Proyecto Ejecutivo de Remediación transforma esa estrategia en ingeniería aplicable al campo, detallando sistemas, parámetros operativos, infraestructura, controles y criterios de seguimiento.
Durante la ejecución, los resultados obtenidos se evalúan de forma continua. Las tendencias de concentración, el comportamiento hidráulico, el desempeño de los sistemas y la respuesta del medio subterráneo permiten ajustar parámetros y dirigir esfuerzos hacia las zonas que aún requieren tratamiento.
Remediación térmica, oxidación química, bombeo y tratamiento, extracción de vapores y líquidos y uso de surfactantes están entre las alternativas que pueden componer la estrategia. La aplicabilidad de cada solución depende de la caracterización del área y de los objetivos establecidos para la intervención.
La experiencia acumulada en investigación y remediación permite conectar el diagnóstico con la ejecución. Esta continuidad técnica evita que las decisiones de ingeniería se tomen sin considerar el modelo conceptual construido durante la caracterización.
Evalúe alternativas de intervención orientadas por desempeño, plazo y las características específicas de su área.
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